La primavera está a la vuelta de la esquina y buena prueba de ello han sido las últimas semanas de subida de temperaturas que ha registrado España. Aunque el invierno todavía se manifiesta en el clima de la Península Ibérica, este ligero aumentado ha dado lugar a que el territorio se convierta en el lugar ideal para la oruga procesionaria.
Los ciudadanos ya han ido alertando de la aparición de este insecto en varias ciudades, especialmente aquellas de abundantes pinares, donde se han avistado las primeras colonias de este lepidóptero que tiene efectos importantes tanto en la salud de los humanos como en los animales.
Cómo es una oruga procesionaria
La oruga procesionaria, cuyo nombre científico es Thaumetopoea pityocampa, pertenece al grupo de los lepidópteros. Se encuentra comúnmente en parques, áreas rurales y bosques con pinares templados, especialmente en el sur de Europa.
Este insecto recibe su nombre debido a su peculiar comportamiento: al romper el capullo en el que anidan, las orugas descienden o caen al suelo para enterrarse. Allí, llevan a cabo su metamorfosis hasta transformarse en mariposas, formando un desfile que se desliza de manera similar a una procesión.
Cómo afecta a nuestra salud y a la de los animales domésticos
La oruga procesionaria es un insecto que debido a su toxicidad tiene impacto en la salud de nuestro organismo, pero también en el de los animales. El contacto de la piel u otras parte del cuerpo con sus fibras tóxicas crea una reacción alérgica y/o urticaria que puede llegar a convertirse en los síntomas de hormigueo, entumecimientos y hasta el aumento de ritmo cardíaco como le ocurrió recientemente al actor Jamie Dornan.
Lo más normal es que se produzca esta irritación en la zona de contacto, que puede llevar también a erupciones. No obstante, las fibras tóxicas de la oruga procesionaria también pueden expandirse en ambientes cortos, por lo que no es necesario tener un contacto directo. Una cercanía en la zona terrestre en la que se encuentre puede hacer que estos pelos se dispersen en el aire, pudiendo llegar a zonas más comprometidas como los ojos, nariz o boca. Las consecuencias más comunes son:
- Conjuntivitis: La exposición a los pelos urticantes pueden generar una inflamación de la conjuntiva.
- Problemas respiratorios: En casos más severos o en personas con sensibilidades particulares, la inhalación de pelos urticantes puede provocar problemas respiratorios, como tos, dificultad para respirar y ataques de asma.
- Dolor de garganta: La irritación de la garganta puede ocurrir si se inhalan pelos urticantes.
La mayor exposición, por tanto, se la llevan los animales domésticos como los perros. En estaciones como la primavera o zonas verdes de pinos es muy común encontrarse estas orugas procesionarias. El olfateo de estos animales a las orugas o el contacto de su lengua les puede llevar a experimentar, además de lesiones, una reacción letal como la asfixia.
Es importante tener en cuenta que la gravedad de los síntomas puede variar de una persona a otra y depender de la cantidad de contacto con la oruga procesionaria. Si alguien experimenta síntomas graves o tiene dificultades para respirar, se debe buscar atención médica de inmediato. En general, como medida preventiva, es aconsejable evitar el contacto directo con estas orugas y buscar la ayuda de profesionales para su eliminación en áreas cercanas a las personas.
Referencias
Salud, M. (2023, 3 julio). Orugas procesionarias. Prevención y Control Thaumetopea Pityocampa; Schiff “Procesionaria de Los Pinos”. Página de Salud Pública del Ayuntamiento de Madrid. https://madridsalud.es/orugas-procesionarias-prevencion-y-control-thaumetopea-pityocampa-schiff-procesionaria-de-los-pinos/