Ya está bien

Esto que voy a contar es fácilmente verificable, en una búsqueda rápida en internet podrán encontrar ese momento que entonces se hizo ‘viral’ aunque no existían las redes.

Embarazada de dos meses me tocó cubrir la capilla ardiente de Camilo José Cela. Estamos hablando de un nobel de literatura, un hombre admirado por muchos. Su muerte era la noticia de apertura de aquel día.

Efectivamente por aquella capilla ardiente pasó muchísima gente, del mundo del arte, de la política, de la cultura, del mundo empresarial… Yo conectaba con mis compañeros de TVE, durante la mañana para el Canal 24 horas y a las 15.00 h, para el informativo que presentaba Ana Blanco.

Todos los periodistas estábamos colocados en la puerta de la clínica, por donde pasaba y entraba todo el mundo. Es decir, yo estaba de espaldas a esa puerta cuando Ana Blanco me dio paso. En ese momento, dentro, el presidente del Gobierno, José María Aznar, con su mujer, dando las condolencias a la viuda, Marina Castaño.

Cuando Ana Blanco me dio paso, una nube de compañeros se acercó a la puerta, salía alguien, los escoltas de la Moncloa intentaban hacer un pasillo en medio de esa melé de cámaras y periodistas. Estaban haciendo su trabajo y yo el mío. Me arrollaron: literalmente me tiraron al suelo, en directo. Algún compañero me pasó por encima. Yo seguí hablando, intentando obviar aquel momento de "tierra trágame" en el relato de lo que estaba contando. Ana Blanco, desde el plató, intentó también echarme un cable.

Los escoltas me ayudaron a levantarme. Mi marido, que estaba viéndolo todo desde otra redacción, se asustó. Mi embarazo era incipiente, no lo habíamos contado todavía. Pero sabíamos que aquella caída no era lo mejor. Aquel momento fue un accidente, un incidente que ocurre muchas veces y que, afortunadamente, quedó en una anécdota que llenó luego muchas horas de los programas de zapping.

Lo que ocurrió el lunes a las puertas de los juzgados fue exactamente lo mismo. No hubo ninguna intencionalidad, nuestro compañero iba andando hacia atrás, sin ver lo que tenía a sus espaldas. Chocó con una farola y en ese impacto, en el rebote de una cámara que pesa, créanme que pesa, el golpe se lo llevó González Amador. Nuestro compañero pidió disculpas en ese momento, le preguntó si estaba bien o no. Pero todo eso da igual. Primero Ayuso y luego toda la cohorte de palmeros ha intentado criminalizar ese accidente. Han publicado la fotografía de nuestro compañero, le han señalado, le han amenazado en redes…

Esto tiene que parar. Ya está bien de desviar la atención de lo que pasa señalando con el dedo a periodistas para que las redes se llenen de amenazas contra ellos. Ya está bien.

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